miércoles, 19 de mayo de 2010

Hojas secas


A veces siento que estoy sentada placidamente en medio de un paseo…
Observo como las hojas amarillas, verdes, rojas, de todos colores, caen suavemente al suelo, y los transeúntes las pisan sin piedad, y los niños sonríen con el sonido que hacen…
Siento como el tiempo pasa, como todos avanzan, como alcanzan sus objetivos, como miran al cielo y respiran profundamente, y piensan: “vivo (…)”. Y yo… sigo ahí, sentada, sin que nadie note mi presencia, y siento que el tiempo pasa para todos, menos para mí. Veo a la misma gente todos los días, pero ellos no me notan completamente, sólo en algunas ocasiones he visto uno que otro que desvía su mirada o se dan vuelta, pensando que vieron algo, que ahí hay algo. Pero son pocos, muy pocos, sólo los que son capaces de pensar que hay algo más a parte de ellos.
Y al llegar el ocaso, sollozo, tal como lo hago desde que nací, pero ahora, que crecí, me cuesta más darme cuenta de lo que pasa, de que al llegar el ocaso, algo se acaba, algo se olvida, algo permanece.

Cada vez que escucho el sonido que hace la puerta de mi casa al cerrarse , desde el primer piso, me alivio, me libero, siento que… puedo llorar libremente, siento que puedo llorar sin presiones, sólo por el hecho de sentir la tranquilidad emanar de mí, de sentir que soy yo, sólo yo. Sin presiones.

" Hay que vivir la vida... lentamente"

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